Qué bonito era cuando estábamos todos, cuando todo era casi perfecto, cuando los planes solían salir bien aunque no estuviera todo programado al milímetro, siguiendo esa regla que cierta persona decía: "es mejor no planear nada porque así no se jode"
Ahí demostraba su escasa aptitud para encajar la frustración. Mejor ir a la deriva que aceptar que un plan no fuera exactamente como se había programado. Una actitud muy contraria a la mia, y eso que me gusta tener todo bien atado y bajo control, pero no me importa lo más mínimo que un plan se tuerza, porque tengo la costumbre desde hace muchos años de contar con un "plan B" desde que me lo recomendó una psicóloga a la que me llevaron cuando tenia 17 años y cualquier tontería se me hacía un mundo. Yo también tenía escasa paciencia ante el hecho de que un plan no me saliera bien, y por todo me liaba a gritos o me quería morir.
No tenía la vida que tengo ahora, que era con lo que soñaba, con un grupo de amigos, un grupo unido por un nexo que se rompió.
Se perdió la conexion de alguien tan importante... alguien fundamental en la historia de mi vida, alguien que me dio lo que ahora tengo aunque lo sacrificase para sí.
Y me ha tocado a mí darle la última estocada, al revés, no como la historia debería haber sido y por suerte no fue, como si en una corrida fuese el toro quien matase al torero desde el principio y ahí fuera donde estuviera el espectáculo, en el toro clavándole las banderillas al torero hasta matarle. Yo fui el toro y él el torero, que me mareaba con su capote hasta hacerme vomitar, que me obligaba a seguirle, intentando alcanzarle en vano mientras iba desangrándose mi alma, mientras permanecía inmóvil a ratos clavando mis ojos en los suyos, que me decían sin palabras " yo soy más fuerte que tú", pero al final fue mentira.
Se le fue la fuerza y el valor cuando yo di un paso que no esperaba, cuando le quité la banderilla para clavársela en el esternón y reirme cuando quedó en el suelo, con los ojos llenos de sangre y arena.
Y ahora ya no está. Llevaba mucho tiempo sin estar pero con la amenaza de volver. He sido yo quien se ha encargado de que no vuelva, la que ha decidido borrarle de mi vida, decisión que los demás tomaron antes que yo, que soy perezosa y sentimental, que aún esperaba algo.
Una palabra, una invitación a ser como antes, como cuando todo era bonito y era tan fácil seguirle, tan cómodo no tener que pensar ni escoger... tan sencillo como dejarme torear, abstraída por su drama.
Pobrecito. No sabía que la presa a veces se convierte en depredador.
No cayó en la cuestión de que aprendí a jugar a su juego cuando él había olvidado ya las reglas. No sabía lo que me estaba enseñando.
Ahora vale más que se quede en su escondrijo y no diga esta boca es mía, no vaya a ser que me le encuentre y me vea obligada a decir todo lo que me he callado tanto tiempo (demasiado tiempo) y le incite al suicidio...
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