Bien,
como much@s ya sabeis, a mi me gusta mucho escribir, y casualmente hoy
me ha venido la inspiración acordándome (no sé por qué) de las
veces que la gente de ciudad me ha mirado con desprecio o me ha
echado en cara que “tengo acento de pueblo”, como si eso fuera
malo. Y entonces me he acordado de algunas personas “de pueblu de
toa la vida” que para mi, merecen mucho más respeto que algunos
urbanitas, y a continuación voy a explicar por qué.
Yo
trabajé para uno de esos “paletos de puebluuuu” en un
restaurante. El tipo en cuestión era basto al hablar pero de tonto
no tenía ni un pelo.
Aparentaba
ser un paleto por su forma de hablar, claro. Y además, para más
inri, tenía un montón de vacas en un “praaaaaaaauu” a las que
atendía a ratos, levantándose a las 7 de la mañana para sacarlas a
pastar, limpiar la cuadra y después bajaba al restaurante,
encargándose de pedidos, compras y en fin, todo lo necesario para el
negocio. A las cuatro de la tarde volvía a irse “al prau” con
las vacas y sobre las siete bajaba de nuevo al restaurante.
Para
ir a las vacas y al restaurante usaba un coche acorde con su supuesta
condición de paleto: un peugeot 206 del año catapúm que daba
lástima verlo.
Pero
ahora viene lo bueno: ese “paleto” tenía un Mercedes 500
nuevecito e impecable en su garaje, y era el coche que usaba para
salir fuera del “pueblu”. Aparte de eso, su mujer regentaba un
hotel de cuatro estrellas en el mismo pueblo, además de que tenían
dos casas: un casoplón que habitaban ellos con sus dos hijas y otro
que alquilaban en verano frente al mar.
También
tenía varios trajes de diversos diseñadores.
Cosa
que estoy segura de que no tenían ni el 95% de los “urbanitas”
que venían a comer el menú del día por 11 euros y que encima te
racaneaban con los cafés, montando el pollo porque “deberían
entrar en el menú”, y eso que se cobraban a 1.10 en barra y a 1.30
en terraza... y todo esto en un restaurante a orillas de la ría, con
vistas a los Picos de Europa en días despejados.
Urbanitas
que no pedían ni comida para sus hijos y les daban de comer de sus
platos para no rascarse el bolsillo y así poder irse a fardar y
reírse del “paleto ese” que les atendió amablemente tras la
barra.
Ah,
y el “paleto”, todos los años a finales de Septiembre se iba de
vacaciones con su mujer (dejaba las vacas al cuidado de personas de
confianza pagadas por él) a destinos tales como: Puta Cana, Ibiza,
Tailandia... etc.
He
hablado de este señor como podría hablar de muchos, tachados como
“paletos” por vivir en un pueblo y sin mirar más allá, sin
querer ver que vive mucho mejor que la mayoría de la gente de
ciudad, encerrados en la urbe, dando vueltas como peces dentro de una
pecera sin querer ver más allá de sus narices porque se topan con
un cristal.
Ese
cristal desde que muchos prefieren mirar una realidad distorsionada y
falsa, inventada en la justa medida para alimentar a base de bien una
arrogancia estúpida y ruin.
No
podría finalizar sin dejar claro que con esto no me remito a nadie
en especial, sino a historias que he oido miles de veces salir de
boca de gente propia y ajena, e incluso hubo una persona cierto dia
que me dijo claramente:
- Yo odio los pueblos porque huelen a vaca.-
Me
lo dijo una muerta de hambre que ya no forma parte de mi vida (obvio
el motivo)
Le
dije que en el mío no olía a vaca porque ya casi nadie tenía.
Y
contestó:
- Es igual, huele... a pueblo.- Como quien dice “a mierda”.
Me
tuve que morder la lengua, más que nada para demostrar que por muy
“de pueblo” que sea, tengo más educación que ella, que es una
muerta de hambre, pero eso sí, es de ciudad.
Aunque
con las pintas que llevaba la tía parecía recién salida de un
prauu con vacas, pero bueno, es de ciudad
y habla muy fisssno
aunque no tenga apenas qué comer y sólo esté delgadita por la
dieta obligada (Never- aVacía creo que se llama, la inventó un
famoso científico llamado Charles Crisis Spain)
Sin
embargo en un pueblo dudo mucho que alguien llegue a morirse de
hambre, porque quien más quien menos siempre tiene un terreno para
criar a cuatro gallinas (sii, las gallinas ponen huevos que están
muy ricos con patatas, que se siembran en la huerta del puebluu, y
además, las gallinas son las madres de los pollos que se compran en
la ciudad y que en el pueblo, teniendo gallina tienes huevos y pollos
sin gastar más de lo que te cueste la gallina y el pienso)....
También
se plantan lechugas, tomates, judías y demás vegetales que se comen
y no se pasa hambre, y si eres tan desgraciado que no tienes huerta
ni ganas de sembrar un terreno alquilado (también se hace) siempre
se lo puedes mangar al vecino, que será mejor que robar en Lupa,
Carrefour u otro hipermercado “ de ciudad”.
Con
esto solo quiero concienciar (a quien tenga conciencia, claro) para
que se abstenga antes de decir que la gente de los pueblos es tonta,
paleta, ruda y demás calificativos desgradables (que oye, hay gente
a la que le afecta, aunque después del sofoco le venga la risa
mientras se come un puré de calabacín natural sacado de su propia
huerta, o un buen plato combinado a base de chorizo de sus propios
cerdos, con patatas de su propia huerta y salsa de tomate de sus
propios tomates, 100% natural, y además respire a gusto aire PURO y
pueda salir a su jardín a tomar el fresco sin escuchar ruido de
coches, con un vaso de leche de vaca natural sin aditivos, y sepa que
va a vivir más años que todos esos que le han insultado hace rato,
porque come, respira y duerme en un ambiente SANO)
Así
que si esto lo está leyendo alguien que alguna vez a menospreciado a
sus semejantes teniendo en cuenta una estupidez tan grande como su
lugar de procedencia... ya se imagina lo que quiero decir.
Vivir
en un pueblo tan solo es un coñazo porque suele ser aburrido, pero
si se tiene coche para desplazarse, es un verdadero lujo poder
disfrutar de la soledad si se quiere y del silencio, que si queremos
ruidos ya vamos nosotros a buscarlos, si no, aquí paz y mañana...
gloria.


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